Antes de seguir hablando de negocios, hay algo más importante que el siguiente paso:

Aprender a confiar en ti.

¿En qué momento de tu vida equivocarte se volvió un argumento en tu contra dentro de tu propia narrativa mental?

«El que no se equivoca no aprende»

Eso dijo mi profe Dani, en la clase de «Tipos de rostro» del curso donde me certifiqué como Asesora de Imagen.

Y se me quedó tatuado.

Yo estaba ahí, sentada en su cálido sofá marrón de cuero, exponiendo cómo detecté que el rostro de mi compañera Imana era tipo diamante. Pero (la vibra nunca miente), había algo que no me cuadraba.

Dani le pidió a Imana que se sentara frente a todos. Luego nos dijo:

«Mírenla entrecerrando los ojos… ¿No ven una línea que baja desde la sien hasta la mandíbula? ¿No les parece que su cara es cuadrada?»

¡NO PUEDE SER!… ¡Me equivoqué!

Justo apareció el enemigo número uno de todos mis proyectos: el miedo —EL PÁNICO— a hacer las cosas «mal». Ayy pinche miedo, wey.

Hace meses, en terapia, entendí cuánto me cuesta —o me hago difícil— disfrutar mis propios procesos creativos. Me exijo tanto que todo se vea «perfecto», exactamente como está en mi cabeza, que prefiero abandonar un proyecto por temor a hacerlo mal, antes que disfrutarlo.

Y en ese instante, mi profe —tan bella, tan elegante, tan sabia— dijo:

«Tranquila, el que no se equivoca no aprende.»

Sin saber lo mucho que mi niña interior necesitaba escuchar eso. Pertenezco a ese no sé cuánto por ciento de la población que creció estudiando en el mismo colegio donde trabajaban sus padres. En mi caso, siendo «la hija de la profe».

La que no podía equivocarse. La que no podía hacer algo mal. Porque «la profe se va a enterar».

La medicina que mi alma necesitaba

Qué curioso que justo en una clase de Asesoría de Imagen Personal, mi profesora me haya acariciado con ese bálsamo natural, sin saber que era la medicina que mi alma necesitaba.

En cuestión de minutos, algo se movió en mi consciencia.

Pasé de ser: La hija de la profe que no se puede equivocar (porque tiene una imagen que cuidar).

a: La mujer que se puede equivocar para realmente construir su imagen (y cualquier proyecto) personal.

¡Cristico, es que agárrenme! Creo que hasta esa tarde había subestimado el verdadero poder que hay en lo que yo juzgaba como error, como «lo que hice mal».

En ese instante vi claramente cuántas veces me alejé de personas y lugares por sentir que había quedado mal, que no cumplí con sus tiempos, que no cubrí sus expectativas o que no di lo suficiente. Ha sido más fácil huir que quedarme a procesar: ¿Qué información hay para mí detrás de ese veredicto? (Que probablemente no sea ni absoluto, ni final, ni una verdad total).

¿Qué tesoros habrá para ti detrás de cada error de esa idea tan clara que tienes en tu cabeza y que sigues posponiendo empezar?

Los errores son solo información

Al final, los errores son solo eso: información.

  • De que algo no cuadra.
  • De que existe otra manera.
  • De que podemos elegir otra estrategia.
  • De que estamos un paso más cerca de la certeza.
  • De que ese método lo podemos descartar.
  • De que aprendimos algo nuevo, útil y valioso.
  • De que somos humanos…

Tal como si fuéramos científicas de nuestro propia vida, los errores son experimentos llenos de datos. Datos para crear nuevas posibilidades, nuevas ideas, nuevos caminos hacia esa verdad singular que solo cada quien puede nombrar.

El verdadero acto de crear: una idea, un proyecto, una marca, un negocio… tiene más que ver con observar cada obra con los ojos entrecerrados y aprender a experimentar su autenticidad, que con cumplir las expectativas mentales que inventamos.

Piensa en esto: Si no existieran las expectativas, si no tuvieras una imagen mental perfecta de cómo quieres iniciar y darle vida a tu idea… ¿existirían los errores?

Hagamos un recuento:

Empezaste con una idea y el miedo de que todavía no estabas lista. Desde ahí construiste un punto de vista que le da convicción a tu idea. Encontraste quién ya recorrió ese camino antes y cómo aprender de ellos sin reinventar la rueda. Diseñaste tu versión 0.5%: la más pequeña, la más honesta, la que no necesita estar perfecta para existir. Calculaste cuánto necesitas ganar para que tu vida funcione, y de ahí entendiste cuánto necesita facturar tu negocio. Intuyes tu ubicación —física o digital— donde ya está la persona que necesita lo que tú tienes. Y ya sabes como empezar a documentar tu proceso antes de tener algo terminado que mostrar.

Y si aún así no confías en tu capacidad para ejecutar las cosas como las ves en tu cabeza, para eso es esta lección.

3 claves para construir y fortalecer tu confianza ante el temor de arruinar una idea «perfecta»

1. Recuerda el origen de tu autoestima:

Solemos confundir los resultados de nuestros negocios con nuestro valor personal. Nos sobre-identificamos con lo que hacemos, principalmente los perfeccionistas y creativos.

Hoy estás empezando a construir algo propio. Algo en lo que no eres experta en todo. Este «algo» no define ni definirá el resto de tu vida; solo es una estrategia financiera (por un tiempo determinado) para cumplir otros sueños. Tú crees que vas a construir un negocio, sin saber que el negocio también te va a construir a ti.

Tu autoestima no se fortalece por la cantidad de veces que algo te sale bien a la primera.

Se fortalece cuando, aunque las cosas no salgan como esperas, eres capaz de tomarte 5 minutos para no hacer nada, volver a eso que te recarga y entender que siempre habrá una manera de mejorar o simplificar el camino.

Si hoy o mañana no vendes, en vez de machacarte mentalmente «porque estás haciendo algo mal»… pregúntate: ¿qué acciones de ventas hice este mes y qué datos me indican que puedo mejorar algo?

2. Protege a tu cerebro de las comparaciones:

La comparación es el veneno que ha matado más ideas antes de nacer. ¿La solución? Evita esos estímulos. Si la comparación viene de las redes sociales, deja de seguir a esas cuentas. O sé valiente y ponte la meta de entrar a las redes solo para crear y compartir, en vez de consumir. Menos tiempo haciendo scroll es más tiempo para invertir en tu idea.

Ten presente que las personas con las que te comparas, algún día también fueron principiantes.

Tómalos como evidencia de que sí hay un camino posible para ti, y reduce el ruido mental.

3. Crea nuevas redes de apoyo:

No tienes que cambiar a todos tus amigos por empezar algo propio (ellos son tu refugio seguro para desconectar y ser un humano funcional). Pero sí necesitas un nuevo club social de personas con las que sea natural hablar de tu negocio.

Necesitas 3 tipos de personas a tu alrededor:

  • Alguien que esté 3 pasos más adelante que tú: Te ayuda a tomar decisiones acertadas y acortar tu curva de aprendizaje.
  • Alguien que esté en tu mismo punto: Te recuerda que hay más seres humanos aprendiendo y remando a la par.
  • Alguien que esté 3 pasos detrás de ti: Te reta a darte cuenta de todo el camino que ya has vivido y aprendido.

Expresar tus ideas en el entorno social adecuado, también es una manera de acelerarlas.

Ejercicio Final: Tu recordatorio visual

Más que un ejercicio, es una invitación a que te pongas un ancla. Algo que te recuerde que vivir los procesos es más nutritivo que seguir soñando con un plan perfecto.

Antes de elegir tu recordatorio, busca las hojas de los ejercicios que hiciste durante esta serie.

Ponlas todas juntas.

Eso que tienes en la mano es tu plan de negocio. Uno que diseñaste tú misma y que realmente puedes ejecutar.

Ahora, busca ALGO que te recuerde todos los días que la perfección (o eso que te limita) no es un terreno fértil para tu idea.

Esa frase que leíste una vez y te quedó dando vueltas. El mensaje que le mandaste a alguien por WhatsApp a las 11 de la noche. Lo que subrayaste en un libro. Lo que escuchaste en un podcast y te hizo pausarlo.

Escríbela a mano en una hoja o en una nota, y ponla en un lugar donde la veas todos los días.

Yo tengo 2, la frase de mi profe Dani que la tengo tatuada en la mente y otra que tengo enmarcada en el rack de mi TV. Es una cita del libro The Artist’s Way que encontré justo cuando más la necesitaba, y que leo cada vez que noto que la imaginación de las probabilidades me está ganando la partida.

Esta es la frase:

Y así la tengo en mi Rack:

Cita de The Artist's Way sobre el perfeccionismo y el éxito

Este es mi ALGO. El que me recuerda que puedo pasarme la vida evaluando probabilidades, o puedo tomar acción cada día sosteniendo la pregunta: ¿y ahora qué?

Ese algo que tú elijas será tu medicina.

Escríbelo de portada en tu plan y también visualízalo cerca de tu espacio de trabajo.


Gracias por leer hasta aquí.

Para mí, crear negocios ha sido una manera de crear arte. Comenzar a pintar con una visión en la cabeza y dejar que la pintura se salga de la forma, dándome una obra que no vi venir, pero que igual me encantó. Permítete comenzar a pintar tu idea sin examinar todas las probabilidades de éxito.

Esto es Empezar sin permiso: saber que aunque no tengas todas las respuestas, cuentas con tus recursos internos para sostenerte en el proceso.

Y que justamente el proceso, es el puente hacia la materialización y vida de tu idea.

¿Y ahora qué?

Si llegaste hasta aquí y tienes las hojas pero todavía no ves cómo articular todo en una sola dirección, el siguiente paso es hacerlo juntas.

He creado el 0-800 Claridad, un espacio de una hora 1:1 para enfocar tu idea de negocio, tu oferta o tu marca personal. Sin agendas genéricas: entramos a tu historia, identificamos qué está frenando tu idea y sales con claridad de un punto de partida concreto.

Si te interesa, escríbeme aquí para reservar.

Att. Mile 🤎